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Microsoft y los giros en el camino

Bill Gates tenía 31 años cuando se convirtió en la persona más joven del mundo en tener más de mil millones de dólares. Fue un año después de que Microsoft saliera a bolsa en 1987. Bill Gates ha sido por muchos años la persona más rica del mundo gracias a su compañía, pero desde hace un tiempo no lo es y no creo que eso le quite el sueño.

Es tan rico que ha llegado a decir que el dinero para él no tiene utilidad después de cierto punto. Pero la fortuna no lo hizo arrogante. Para él, la utilidad está en dar recursos a los más pobres del mundo.

En el año 2000 dejó la presidencia de Microsoft para enfocarse en la fundación que creó con su ahora exmujer. Bill and Melinda Gates Foundation ha donando desde entonces más de 53 mil millones de dólares a diversas causas de salud y educación para hacer un mundo mejor combatiendo la pobreza, las enfermedades y la desigualdad.

La mayoría de ese dinero procede de Microsoft que dona a su fundación. Habrá gente que piense que lo hace para pagar menos impuestos, pero detrás de este hombre hay un gran corazón. Es la fundación de caridad más grande a nivel global y la más generosa del mundo. Utiliza su imperio para ayudar a los demás. Su fundación ha financiado avances en la medicina que han salvado a cinco millones de niños en países extremadamente pobres que hubieran muerto antes de los cinco años. Y ha creado una máquina que transforma desechos humanos en agua potable y electricidad, un proyecto que podría salvar millones de vidas más.

Bill Gates es de esas personas que cree que cualquiera puede lograr sus sueños y vivir la vida en sus propios términos. No solo es un gran hombre de negocios, es una gran inspiración. Su padre fue abogado. Su madre fue profesora. Durante años fue a una escuela privada y luego a la mejor universidad. Pero ese elitismo no le ha impedido ser humilde.

Era bueno con las matemáticas. Quiso ser profesor. No había considerado una carrera en tecnología hasta que su buen amigo Paul Allen le convenció de que saliera de su zona de confort. Y antes de que Microsoft fuera todo un éxito mundial, Bill Gates tuvo problemas de confianza en sí mismo. Pensó qué pasaría si su negocio fracasara.

«Las cosas son arriesgadas. Es mejor que no te pierdas ni un giro en el camino».

Esta cita se la dijo a estudiantes en Havard cuando acudió en 2018 a dar una charla a la universidad de la que nunca se graduó. Habló de muchas cosas, pero sobre todo de que para alcanzar el éxito hay que arriesgar.

Bill Gates habló de que convertirse en un líder es algo que se va haciendo con el tiempo. Incluso cuando supo que Microsoft sería una compañía grande temía que algún día no pudiera pagarle a sus trabajadores porque tenían muchos negocios como clientes que podrían desaparecer y no pagarles. Dos de las grandes compañías que él admiró se fueron a la bancarrota. Pero eso le sirvió como ejemplo para entender que los retos en su carrera son los que le han ayudado a tener éxito. Nunca ha visto el fracaso como algo negativo, sino como una evidencia de que algo se necesita cambiar. Y en lugar de dejar que los errores le deprimieran, aprendió de ellos.

Para Bill Gates la paciencia es un elemento clave del éxito. Las cosas llegan aunque las personas tengan siempre miedo al cambio. Y si él no hubiera arriesgado y vencido sus miedos, hoy el mundo sería diferente, no solo porque tal vez no lo entenderíamos como lo entendemos ahora, con tanta tecnología, sino porque no hubiera existido una fundación que ha hecho y sigue haciendo tanto por los más desfavorecidos.

Si tuvieras cinco minutos a solas con Bill Gates, ¿qué le dirías? ¿Le preguntarías sobre su éxito y su fortuna? ¿o por el bien que le está haciendo a los demás? Porque, en definitiva, para ganar a lo grande hay que tomar riesgos. La carretera del éxito está llena de curvas. El que no arriesga, no gana.

Y tú… ¿qué arriesgarías por algo que sueñas?

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